Fragmentos
El carácter de la revolución mexicana
Fragmento de
Arnaldo Córdova, ''México. Revolución burguesa y política de masas'', en Adolfo Gilly, Arnaldo Córdova,
Armando Bartra, Manuel Aguilar Mora y Enrique Semo, Interpretaciones de la revolución mexicana
(Prólogo de Héctor Aguilar Camín), Ciudad de México, Nueva Imagen, 1979, pp. 55-89; pp. 85-86. (Subrayado en el original)
IDEAS ALTERNATIVAS 2 - ENERO-MARZO 2026
En la revolución mexicana se cumplieron todas aquellas que podríamos llamar las leyes de la revolución burguesa. Aparte de las banderas de libertad e igualdad, la lucha política revolucionaria estuvo siempre bien fundada en los principios de la libre competencia y la libre propiedad privada; todos ellos principios burgueses y no ''pequeñoburgueses'' como muchos imaginan. Además, lo que en nuestro concepto constituye el principio básico de toda revolución burguesa, se postuló en todo momento la construcción de un Estado colocado, como dijeran Engels y Lenin, por encima de todos los grupos y clases de la sociedad.
Lo notable en el caso de la revolución mexicana fue precisamente su política de masas. La burguesía mexicana, como tal, no era capaz, no lo ha sido en ninguna época de la historia, de dar una ideología y una política burguesas para toda la clase; menos aún lo era de proporcionar una línea política de masas que condujera el huracán revolucionario hacia el establecimiento de un nuevo orden burgués. Para ambas cosas eran precisos el idealismo y, al mismo tempo, el oportunismo político de los sectores medios de la sociedad o, al menos, de sus exponentes más esclarecidos. La lucha de las masas trabajadoras y su irrupción en la política nacional produjo el populismo y su línea de masas; la lucha contra el antiguo régimen de privilegios produjo el programa burgués de reorganización de la sociedad. Y en ello, como sucede en otras situaciones históricas que se han hecho clásicas, sobre todo la de Francia, a la burguesía, como tal, no le cupo el menor mérito. Son los sectores medios los que encabezan y dirigen la revolución burguesa y ello ocurre por el simple hecho de que son, esencialmente, sectores desclasados pero móviles; con las puertas siempre abiertas para su participación en la política, pero sin nada que se parezca a un programa ideológico y político propio. Actuando en política no tienen más remedio que adoptar los puntos de vista, la ideología y las posiciones de otros sectores sociales cuya situación es, por el contrario, paradigmática para la sociedad. Y en una sociedad como la mexicana de principios de siglo, con un proletariado muy poco desarrollado, no podían por menos de hacer propio y desarrollarlo como programa para toda la sociedad, el paradigma de la clase burguesa.